

Ramón en el aire y rumbo a Canarias.

El
despegue, una parte crítica del vuelo: 100kg de equipamiento
al comenzar una larga carrera, y frente a un avión de pasajeros
a punto de salir del aeropuerto de Jerez, aún de noche. Todo
salió según lo previsto.


Pierre
Aubert – Líder de PAP Paramotores
“Es un sueño realizado,
y estoy contento”
La
marca PAP siempre ha estado junto a Ramón
tanto en sus aventuras y hazañas por el
mundo como en sus
éxitos deportivos, aunque Pierre asegura que estas
cosas no siempre son positivas para el fabricante y
que la competición
se ha vuelto poco interesante. Aún así,
augura un buen futuro en que el motor de 4 tiempos no
será
una panacea, el de 2 tiempos seguirá, e incluso
le ve posibilidades al motor eléctrico.
¿Qué
sientes con el record de Ramón?
Es un proyecto que se ha cumplido y en el que hemos tenido
un ángel porque nuevamente, y cada vez, sale el
record, aunque hay mucho trabajo detrás también.
Con el tiempo te preguntas si la suerte te irá acompañando
siempre... En los anteriores records se hizo poco trabajo
previo, no le dedicamos tanto tiempo porque tenemos siempre
mucho trabajo en la fábrica. Pero aquí me
di cuenta que había que involucrarse a tope para
sacar adelante este record.
Por Ramón estoy feliz y contento, igual que cuando
veo a Mathieu (Rouanet, el campeón mundial
y europeo)
por ahí volando. Sigues una dinámica con
los pilotos como ellos, que hacen cosas. El record ha
salido, Ramón lo ha conseguido, ha pasado la
barrera de los 1000 km aunque tenía potencial
para haber hecho muchos más kilómetros.
Tenía un conjunto más
aerodinámico y le sobró mucha gasolina, pero
cumplió el objetivo.
¿Qué
nos puedes contar del equipo que usó Ramón?
El motor no tenía nada especial en relación
con un PAP Ros 100 de serie, sólo
pusimos mucha atención
y cuidado a la hora de armarlo y algo más de seguridad,
por ejemplo, asegurar tornillos o el resorte del arranque.
También le pusimos un chasis más grande.
La idea era que pesara lo menos posible pero que fuera
fuerte para que no hubiera ningún problema de
flexión
en el inflado. El paramotor no llevaba base, para que no
molestara en la carrera. Luego Ramón puso los
cuernos en el aro para facilitar el inflado.
En cuanto a depósitos, Ramón quería
llevar 66 litros. La idea era usar un
depósito flexible
pero eso no existe en el mercado. Al final conseguimos
un depósito de 40 litros pero cada uno pesaba ¡4
kilos! Así que intentamos hacer un sistema con
dos garrafas pero a Ramón no le gustó y
acabamos diseñando el sistema de depósitos
laterales lo más compactos posibles para no hacer
pantalla sobre la hélice, y luego conectamos
todo.
Elegimos el motor Ros 100 porque era la mejor opción
por su bajo consumo y alta potencia. El Ros 100 no se
fabrica ahora mismo así que hubo que hacer cilindro,
varias cosas. Va muy bien, tiene un arranque fácil.
-¿Qué importancia
tiene para PAP este tipo de logros deportivos?
El tema de los retos deportivos es interesante para los
pilotos, pero para mí como fabricante no es tan
bueno porque se le acaba dando quizás demasiado
valor a los premios deportivos y no es así: cuando
Ramón
no gana no significa que esté acabado o que su motor
no sea bueno... Sin embargo, éste es el evento
con mayor repercusión mediática que hemos
visto hasta ahora en paramotor. Es un sueño realizado
y estoy contento por eso. La competición creo
que ha ido a peor, ya no es tan interesante. Ahora todo
se calcula con el ordenador, con programas que lo hacen
todo. La mayoría
de las pruebas no son tácticas y han terminado siendo
muy sosas, largas. Se buscan los límites.
-¿Cómo
ves la evolución del paramotor?
Este año hay retos porque hay muchos motores 4
tiempos en el Mundial. Mathieu quería un motor
4 tiempos y contacté con Paul Bailey para estudiar
el tema pero al final decidí no entrar allí porque
no veo ese motor para el público. La gente pide
poco peso y mucha potencia y este motor tiene un precio
muy alto, hay que usar una pala muy grande para obtener
el empuje adecuado y cuando hay problemas es un motor
que pide conocimientos que la mayoría de los
pilotos no tienen. De momento no me interesa ese motor,
competir con él es promocionar
el 4 tiempos y no me interesa. Mathieu entendió mi
posición y decidió con toda libertad: va
a llevar el Top 80 para el Mundial, con escape de aluminio
que le da menos peso, más potencia y poco ruido.
Acabamos de pasar la homologación DULV y es el
motor que menos decibelios ha dado hasta ahora en estas
pruebas. Yo creo que el motor de 2 tiempos no va a
desaparecer, de hecho ya pasa las normas europeas.
Por ejemplo la marca Dell'orto tiene un nuevo sistema
de carburador que disminuye las emisiones significativamente.
-¿Y
un paramotor eléctrico?
El motor eléctrico puede ser interesante, hay gente
trabajando en un sistema de transmisión directa,
sin reductora. Llegaremos a un paramotor ligero, silencioso,
limpio y con buena potencia. Eso sí, la batería
debe estar muy bien porque un fallo puede ser peligroso
en paramotor.
-El
mundo del paramotor parece ir en crecimiento, ¿se
refleja eso en las ventas de PAP?
La producción de Pap en 2006 llegó a
las 400 unidades y este año llegaremos a cerca
de 500. Tenemos mucha presión de nuestros clientes
y muchas ventas. Hemos intentado centrarnos en distribuidores
profesionales y cortar con los que no lo son. Nuestro
mayor mercado es Francia, nuestro distribuidor en
Alemania vende 15 motores al mes, pero en cambio en
España es muy poco.
En general trabajamos con gente que quiere buenos productos.
Ahora vamos a trabajar con Fly Engines (la
división
de motores de la fábrica checa Walkerjet) y hemos
estado probando el 130 y el 200cc. Los motores que más
vendemos son el Ros 125 y el Top
80, que está en
su segunda vida. Estamos trabajando con hélices
de carbono fabricadas por Helix. Ellos tienen una nueva
fábrica
y taller de desarrollo con el que doblaron su producción
en 2006.
-¿PAP
tiene novedades en cuanto a los chasis?
Ahora tenemos los chasis de 4 partes, que van con
un depósito
nuevo más fácil de llenar con una manguera
lateral exterior, brazos de aluminio mecanizados con
apoyo por detrás de 3 cm., y una silla con cierres
antiolvido. Intentamos hacer innovaciones que se puedan
aplicar a los modelos antiguos para reactualizarlos,
como un 'upgrade'. Lo malo es que tenemos poco tiempo
para desarrollar más
ideas y soluciones. |

"En
este caso la distancia no era tan importante como el reto mismo
de volar hasta Canarias por el mar" dice Ramón.

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Cuando
era niño soñaba con ser trapecista. Casi envidiaba
a los huérfanos que integraban el famoso ‘Circo de
los Muchachos’ al cual le hubiera gustado pertenecer…
pero muchos años después Ramón Morillas ha
llevado el sueño bastante más lejos al cruzar el océano
colgando de su propio trapecio volador, y sin red...
El 23 de abril de 2007, tras 14 horas en el aire y consumir 52 litros
de combustible, el piloto granadino se convertía en el primer
hombre en volar más de mil kilómetros en paramotor,
1105, y además por encima del mar. Es uno más, el
último y el más arriesgado hasta ahora, de los retos
que ha conseguido desde que probara el paramotor en 1994, a regañadientes
y más por interés comercial en el aparato y su amistad
con el fabricante, Pierre Aubert (ver recuadro), que por verdadero
interés. Sin embargo, las posibilidades del vuelo motorizado
pronto revelaron a Ramón todo un mundo de cosas por hacer
que nunca nadie había hecho antes, como volar grandes distancias,
subir a lo más alto del cielo, sobrevolar lugares inaccesibles
y ver paisajes únicos.
Con
el paramotor, Ramón ya ha batido siete records
del mundo -éste último aún pendiente de reconocimiento
por la Federación Aeronáutica Internacional
(FAI)-, desde su primera travesía solitaria desde Huelva
a Teruel con un paramotor PAP Solo 110 que
lo propulsó por 644
km, en 1998, hasta esta última “Travesía
Flypa” (co-organizada por el Festival
Flypa, lee el reportaje) con la que batió su propio
record mundial de distancia de 2006 (951km) con 1105km,
desde Jerez de la Frontera en Cádiz
hasta la isla de Lanzarote en el archipiélago canario.
Para Ramón se trata sobretodo de hacer vuelos únicos
y
“empujar” un poco los límites de este deporte
en plena expansión que es el parapente motorizado, a la
vez que pone a prueba sus propios límites - algo que sin
duda disfruta, ya que su próximo desafío es participar
en el X-Alps
(julio 2007): 850 km de carrera por los Alpes en parapente y
a pie.
A
continuación, Ramón nos cuenta los detalles técnicos
y personales de ese vuelo único sobre el océano
Atlántico
a bordo de su paramotor PAP, mientras el fundador de esta marca
y pionero del paramotor, Pierre Aubert, nos da otra visión
sobre la aventura (recuadro).

-Ramón,
¿qué sentiste al estar ahí solo sobre el mar?
En
muchos momentos no daba para sentir porque había que navegar,
hablar por la radio, estudiar la ruta… Había momentos
en que sí que lo pensaba, que podía ir al agua
y miraba de donde venían las olas, pero también
disfrutaba la vista de las olas. Cuando iba llegando a Lanzarote
había
un mar de nubes y se estaba poniendo el sol, fue una vista increíble
que me recordó la época en que vivía en La
Palma (Canarias). Era algo especial, poder viajar con el viento.
Algo muy bonito. También había momentos de miedo,
cuando el motor hacía algún ruido raro…
-¿Cómo
fue el despegue con 100 kg sobre tu espalda?
Para
el despegue yo comienzo de pie porque levantarse solo del suelo
con todo ese peso es muy difícil. Tenía una sola oportunidad
para salir, por el peso y el esfuerzo que debía hacer. Se
había hecho tarde y estábamos en un aeropuerto con
un avión comercial embarcando que tenía que despegar
así que no podía retrasarme. Sabía que si conseguía
inflar bien la vela y dar los 15 primeros pasos todo iría
bien. Para facilitar el inflado llevaba unos ganchos a los lados
del aro del paramotor donde puse las líneas, así que
fue como un despegue con trike (carrito), la vela infló y
tuve que correr mucho e ir soltando freno poco a poco. Calculo que
corrí a unos 50 k/h y muy justo porque no había viento,
tuve que recorrer 150 metros antes de despegar los pies del suelo.
-Estás
en forma…
He
entrenado bastante haciendo footing todos los días donde
yo vivo, o sea, corriendo en la montaña y cuesta arriba.
También haciendo ‘sentadillas’ con el paramotor
en la espalda para fortalecer las piernas. Luego he practicado
muchos despegues con ese paramotor y con el biplaza, hice varias
pruebas. Llegué a salir con 110 kg.

-¿Cómo
monitorizabas el combustible en vuelo?
Utilicé el sistema más simple. Llevaba dos
depósitos de 13,5 litros y dos laterales de 22 lt, negros,
que pasaban el combustible a los de atrás. Con un espejo
podía ver lo que quedaba atrás por las marcas, como
lo hago en competición. Aquí me tenía que sobrar
la gasolina. Cuando los depósitos de atrás marcaran
20 litros sabía que me quedaba para volar poco más
de 4 horas más y que tenía que estar a una distancia
razonable de tierra. Había entrenado mucho los consumos para
conocerlos bien y llevaba 10 ó 15 litros extra para tener
unas 2-3 horas más de margen. Finalmente me sobraron 18 litros,
o sea, unas 4 horas más de vuelo.
-¿Cómo
sabías tu velocidad-suelo y el combustible y distancia que
te quedaba?
Usaba
el GPS para saber mi posición y distancia a tierra y según
eso yo iba calculando con una calculadora pequeña la hora
aproximada de llegada y el combustible que necesitaría. El
problema era que el viento no era constante, variaba mucho. El equipo
del helicóptero militar también iba haciendo cálculos
y diciéndomelos por la radio. En todo momento yo sabía
por donde iba y lo que me faltaba para llegar al destino inicial,
que era Tenerife, a Lanzarote e incluso a las islas Salvajes, que
era un aterrizaje alternativo. También había estudiado
mucho la ruta, tenía coordenadas de varios puntos de referencia,
y todo eso estaba en mi cabeza.
-¿Cómo
navegabas?
Cuando vuelas sobre la tierra, con o sin GPS, siempre tienes referencias.
En el mar, nada más salir me di cuenta del problema que era
volar sin referencia y al principio se me hizo difícil, pero
te vas acostumbrando. En vuelo fui controlando el parapente sólo
tocando un poco los trimmers para hacer mínimas correcciones.
Es como volar dentro de una nube, tienes que hacer todas las correcciones
muy suavemente para no desviarte más de la cuenta y tener
que volver a corregir. Pero era difícil, especialmente cuando
el aire se movía.

-¿De
qué manera solucionabas tus necesidades biológicas
en un vuelo tan largo?
No
suelo comer ni beber mucho, lo cual no es bueno para el cuerpo
porque puedes perder energía y concentración, así
que llevaba apuntado en el porta-instrumentos un recordatorio: “comer,
beber”. En mi camelback llevaba té con limón
y en la bolsa, frutos secos y barritas. Para orinar tenía
un sistema de condón con una manguerita que baja por la pierna.
Lo había probado antes en vuelos largos pero no me funcionó
así que esta vez lo puse bien y funcionó perfectamente.
¡Me quedaba en la gloria! -¿No
te aburriste en ningún momento teniendo sólo tus instrumentos
para mirar?
Aburrido
no. Al principio salí hacia el mar por el faro y tenía
que contactar con el helicóptero Súper Puma que
iría
conmigo pero éste se atrasó y luego con la niebla
no me podía encontrar así que pasamos las dos primeras
horas hablando y tratando de hacer contacto visual mientras yo
seguía
la ruta. Después ya me relajé, pero la primera parte
del vuelo iba muy concentrado y haciendo cosas. Después
de tomar la decisión de aterrizar en Lanzarote venía
en una capa de viento buena y al pasar los 900 km me motivó
pensar que iba a superar mi propio record (951km), pero al no tener
helicóptero de apoyo en ese último trayecto no era
el mejor momento para tener un problema porque podría
ir al agua. Otras cosas me ocupaban la mente, los ruidos del
motor o la información que me daban del aterrizaje, donde
había
mucho viento.
-Aterrizaste
con gasolina y luz todavía, ¿por qué paraste?
No
había muchas más opciones. El lugar donde aterricé
era el único lugar con menos de 60 k/h de viento en ese momento.
Conozco bien las islas canarias, había un mar de nubes y
viento, así que eran muchos riesgos. Yo hubiera querido hacer
más distancia y podría haberme ido a las islas Salvajes,
pero eso tenía un alto riesgo de ser un desastre por pura
‘cabezonería’ mía, porque ahí no
hay nada ni nadie para ayudar en caso de emergencia y los militares
no pueden aterrizar al ser parque natural y territorio portugués.
Un rescate allí o en la zona hubiera sido muy complicado
y así me lo explicaron los militares, que no estaban de acuerdo
con la idea. Yo me planteé hacer por lo menos 1100km así
que me fui a un punto en Lanzarote que tenía previsto como
aterrizaje alternativo y donde además había un poco
menos de viento. Si seguía me encontraba con el aeropuerto
internacional, así que no había más opciones.

-¿Cómo
fue el aterrizaje?
Yo
venía calentando las piernas para prepararme para aterrizar,
iba usando el pedal del acelerador sólo con ese fin. Iba
probando cuando estaba cerca del aterrizaje, a ver si penetraba
en el viento y sabía que al menos no iba marcha atrás
así que aterricé bien. Estoy más o menos acostumbrado
a aterrizajes con viento fuerte.
-Cuando
decidiste ir a Lanzarote, ¿tenías confianza en que
llegarías allí de día?
Hubo
un momento en que los cálculos me decían que llegaría
de noche a cualquier parte, pero yo sabía que el viento tendría
que mejorar. Tenía claro que habría alguna zona de
calma, con poco viento para empujarme, pero que tenía que
aumentar. Cuando decidí tomar el rumbo hacia Lanzarote para
aterrizar allí ya me daba justo para llegar al anochecer
pero después aumentó el viento de cola y finalmente
me sobró media hora de sol.
-¿Cómo
usaste la velocidad del parapente y el motor para equilibrar velocidad
y consumo?
Mi
parapente, un Advance Omega 7 (DHV2-3), al acelerar un poco tiene
una mejor tasa de caída, aumenta la velocidad 2 ó
3 k/h y mejora el planeo así que corre más y pide
menos motor. Llevaba los trimers de las bandas a la mitad y usaba
un poco el acelerador de pedal –a éste le puse un sistema
desmultiplicador así que iba muy suave y tenía que
hacer poco esfuerzo para pisarlo. Cuando había que pilotar,
porque estaba turbulento o lo que fuera, cogía los frenos,
pero intentaba usarlos lo mínimo porque tienden a hacerte
girar más de la cuenta y pierdes eficiencia. Incluso me tomé
el tiempo para hacer imágenes. Llevaba el pie puesto en el
pedal del acelerador pero lo usé más que nada para
calentar las piernas y que no se me acalambraran. El motor, un PAP
Ros 100, es muy fiable y viajé casi siempre a 8000-8500
rpm.
En las zonas con poco viento tenía que subir de 800 a 1500m
para buscar una capa mejor de viento y ahí sí tenía
que darle gas.
-Tuviste
calambres o alguna molestia física durante este vuelo tan
largo?
Calambres
y eso, no. Me dolía la cabeza, creo que por el sol. Me entró
algo en un ojo y se me puso rojo… Cuando aterricé estaba
muy cansado, eso sí.
-¿Qué
tan lejos crees que se puede llegar en paramotor?
Es
difícil decirlo. En principio un vuelo largo se puede hacer
con más viento y más luz. En este caso la distancia
no era tan importante como el reto mismo de volar hasta Canarias
por el mar. Pero 1500 km se pueden hacer. Ahora mismo, yo no...
El
motor que ha hecho PAP para mí lo hemos trabajado mucho
para poder llevar mucho combustible y poder despegar a la primera.
El sistema es simple y la gasolina va muy compacta. Pero también
me he dado cuenta que volar más de 14 horas no es fácil,
en este vuelo con mayor razón. Hay que estar muy preparado
para volar 20 horas porque sino sería un riesgo muy
grande. No hay que fallar en nada.
-En
cuanto a la competición y ya que sigues tanto las de parapente
en vuelo libre como las de paramotor, ¿con cuál te
quedas?
Es difícil comparar las competiciones de parapente
y las de motor porque el tipo de pruebas es muy diferente. En paramotor
se hacen durante todo el día y el ganador tiene que ser bueno
en muchas cosas diferentes, habilidad, precisión, navegación,
térmica… Pero en las dos hay un espíritu de
competición igual. En parapente los vuelos son muy bonitos
y los parapentes son muy guapos. Las velas de paramotor van mejorando,
pero me gustan mucho más las de vuelo libre. A veces me gusta
más el ambiente del paramotor. En parapente, en las competiciones
internacionales a veces el ambiente es menos amistoso. Y en las
dos pasa igual, que cuando la meteo es mala todo el mundo está
descontento…

-¿Qué
has aprendido en esta travesía?
En
esta travesía he aprendido varias cosas importantes como
poner por encima de todo la seguridad y no la cabezonería…
Viendo todo, creo que fue lo mejor. Es importante intentar controlarte
y no querer hacer las cosas a toda costa.
-¿Qué
es lo mejor que te ha pasado en los últimos 12 meses?
La verdad es que me pasan muchas cosas buenas, la última
es la mejor supongo, haber conseguido lo que me proponía.
Pero lo mejor que me pasa es estar feliz con mi familia y ver a
mis hijos cada mañana. Es una buena vida.

Ver
más fotos en el Album de la Travesía Flypa
en la Comunidad de Pilotos de Ojovolador.com
*LEE
también el Reportaje: Preparativos de Ramón
para la Travesía
Flypa con una video-entrevista
*LEE
el Reportaje del Festival FLYPA 07 |