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Expedición a los Andes 2003: De Chile a Argentina en Parapente


La expedición a los Andes 2003 fue un éxito endulzado aún más por haber venido tras espantosas condiciones, en una de las montañas más arriesgadas por las que he viajado. Al final, perseveramos a pesar de las molestias de la burocracia en la frontera, vientos que parecían no tener fin y una severa falta de información. A veces nos parecía que no íbamos a conseguir hacer nada, pero al final nuestro equipo lo logró. ¡Pocas veces el éxito ha tenido mejor sabor!

Fue un viaje duro, pero todos regresamos sanos y salvos, y siendo mejores amigos. Para citar a Messner, “Las montañas no son ni justas ni injustas. Son, simplemente, peligrosas”. Haber encontrado un momento hermoso y haberlo volado con seguridad hasta el límite con un buen equipo de personas, es más que suficiente para mí.

Texto de Will Gadd © (Extractado de su relato sobre la expedición)
Fotos © Christian Pondella
La publicación de este artículo e imágenes ha sido autorizada a Ojovolador.com por Will Gadd. Todos los derechos son suyos y del equipo “Cruce de los Andes 2003” y su reproducción no está permitida sin la expresa autorización de los respectivos dueños.

Muchas de las excelentes fotos de Christian Pondella están en www.ojinternational.com/andes.

*El equipo está preparando un video sobre esta aventura, que deberá estar listo este verano.

El 6 de diciembre de 2003, los pilotos norteamericanos Chris Santacroce, Othar “OJ” Lawrence y Will Gadd aterrizaron en Santiago de Chile para intentar cruzar los Andes de Chile a Argentina en sus parapentes. Allí se encontraron con el resto del equipo: los camarógrafos, encargados de apoyo logístico y el fotógrafo.
Los tres pasaron una semana volando y aclimatándose en el lado oeste de la cordillera de los Andes, pero las condiciones eran muy ventosas. “Abajo en Santiago las condiciones están bien, pero arriba en altura las nubes parecen algodón de azúcar aplastado por el viento, todos los días”, escribe Will. El equipo de reconocimiento da un reporte muy claro de la ruta: “Es un asco. Si aterrizáis allí con el viento que hemos visto, probablemente moriréis”. Los pilotos, sin embargo, confían en que encontrarán el día adecuado para hacerlo, y ejercitan la paciencia. El 15 de diciembre, la expedición está preparada para cruzar los Andes desde cerca de Santiago a un pueblo al sur de Mendoza, en el lado argentino de los Andes, pero aún tendrán que esperar algunos días para lograrlo. Parten del cañón del Maipo, al sureste de la ciudad, y esto es parte de lo que escribe Will Gadd esos días:

15 de diciembre: “El aullido del viento ha sido nuestra constante compañía durante 10 días. Si no está soplando fuerte, entonces está soplando súper fuerte. Othar, Chris y yo dejamos a Pat, Christian, Shanti y David Owen en la cima de un paso llamado Los Piuquines y bajamos caminando hacia un valle maravilloso y silvestre en el lado argentino del paso. Teníamos la esperanza de que quizás fuera menos ventoso allí, pero el viento aullante continuó así que nos deslizamos por unos campos con nieve y luego continuamos caminando unas 8 horas más, con nuestros parapentes y equipo de bivac. Estábamos frustrados de no poder volar, pero el lugar era realmente impresionante –¡cuesta estar molesto cuando el paisaje está compuesto de picos de más de 5500 metros! Vimos algunos cóndores con las alas plegadas para tener más velocidad en ese ventarrón, mientras caminábamos y vadeábamos numerosos arroyos de agua fría glacial, y tratábamos de navegar con el mejor mapa que pudimos encontrar (...) Estábamos seguros de que podíamos atravesar los Andes a pie, siguiendo los grandes cursos de los ríos, pero no estábamos seguros...

Los extremos térmicos en los Andes son justamente eso: mucho menos de cero grados en la noche, achicharrarse al sol durante el día, congelarse en la sombra. Es imposible vestirse adecuadamente aquí. Nunca he sentido unas fluctuaciones de temperatura tan extremas.
Finalmente cruzamos oficialmente hacia Argentina en un amable puesto fronterizo y nos reunimos con nuestra equipo de tierra, que habían conducido cientos de kilómetros para reunirse con nosotros. El viento continuaba rugiendo como siempre, pero los 3 días de caminatas y experiencias con gente fantástica nos dejó una sensación de satisfacción.

Por fin conseguimos volar un poco aquel día, al pie de los Andes, pero apenas estuvimos en el valle en dirección a Chile el viento comenzó a rugir y continuó arreciando durante todo el camino hasta Portillo, una estación de esquí en el lado chileno de los Andes. Esa noche sopló tan fuerte que me despertó varias veces durante la noche, mientras dormía en el hotel…

Aunque la caminata fue una gran experiencia, no estamos aquí para ser los primeros en acarrear nuestros parapentes a través de los Andes. El viaje valió la pena porque aprendimos mucho sobre el terreno, refinamos nuestro sistema de supervivencia (bivac) y comprobamos que no importaba donde aterrizáramos porque podríamos salir de allí, pero estamos hartos del viento y de no volar en el verdadero “corazón” de los Andes. ¡Deseo desesperadamente irme de cross y ver estas montañas desde arriba!

19 de diciembre: “Por la mañana nos levantamos temprano para intentar volar pero el viento todavía rugía... Hacia las 9 se había calmado un poco, así que condujimos hasta la parte más alta del área de esquí e hicimos un vuelo en el lado en sombra del valle, otro pequeño paso para aprender más sobre los Andes. Cerca de las 11:00 el viento seguía siendo aceptable, así que hicimos un vuelo más. Chris y yo nos las arreglamos para permanecer en el aire y filmarnos mutuamente durante un rato, antes de que yo aterrizara, pero Chris enganchó la primera térmica verdadera del día y se quedó ladereando casi una hora antes de aterrizar con fuertes vientos, yendo hacia atrás a ratos pero en control. Su vuelo realmente me encendió. ¡Por primera vez en todo el viaje estábamos de verdad volando en el corazón de los Andes!

Esa tarde el viento sopló muy fuerte y Othar decidió que había tenido suficiente. Las montañas aquí son increíblemente salvajes y todo el tiempo esperando las buenas condiciones y los papeleos eran suficientes para ahogar el entusiasmo de cualquiera... OJ también sentía que dos personas volando irían con mayor seguridad que tres, así que comenzó a empacar.

Más tarde el viento bajó un poco, así que con Chris dijimos ‘adiós’ a OJ y nos dirigimos al cerro para ver si podíamos volar. En el despegue, a las 6 de la tarde había viento pero quizás estuviera bien. Chris se metió en el viento y minutos después le seguí. De pronto estábamos subiendo como locos y ambos pensamos brevemente “oh, ¿acabamos de joderla?” Pero no, estaba perfecto. Con rachas ocasionales, pero ascendencias limpias, sólidas y hermosas. Nos alejamos de Portillo y subimos en el aire hasta 4000 metros por la ladera de un imponente pico. ¡PERFECTO! Estaba tan suave que incluso pudimos filmarnos el uno al otro y a un cóndor que se vino a jugar con nosotros. Llamé por la radio a Chris y le dije “hey, ¿quieres que nos arresten?” Nos estábamos seguros de nuestros permisos y papeles, pero a veces es mejor rogar clemencia que pedir permiso... Pronto estábamos a más de 4000 m y lo único que había que hacer era continuar hacia Argentina. Chris y yo habíamos acordado volar como un equipo pasara lo que pasara y me sentí más fuerte por su buen juicio.

Podría escribir miles de palabras sobre el vuelo, pero lo más corto es decir que cruzamos hacia Argentina en las condiciones de tarde más perfectas que jamás he experimentado. Un piloto de planeador en Santiago nos había dicho que en los Andes debes escoger tus momentos, y éste era obviamente el momento. David, Shanti y Pat desde tierra nos mantuvieron informados sobre el viento, mientras Christian y OJ abordaban un autobús hacia Santiago... Nuestro equipo de tierra tuvo que acercarse a la frontera para mostrar sus pasaportes así que Chris y yo tomamos la decisión de seguir volando sin el reporte de viento desde tierra. Esto podría no parecer muy importante, pero yo no había visto ni un solo día en los altos Andes en que pensara que se podía aterrizar en parapente con seguridad con esos salvajes vientos de valle. Era fácil recordar el viento arrancándonos del suelo durante la caminata la semana anterior, incluso cuando hacíamos ladera junto a enormes picos y mirábamos aparecer al Aconcagua bañado con la increíble luz del atardecer. Saltamos de un gigantesco pico a otro, a veces en viento fuerte pero nada demasiado agresivo. Debíamos trabajar cuidadosamente nuestro ascenso a las cumbres pues las ascendencias eran buenas cuando las encontrabas, pero era un vuelo de montaña al atardecer. Varias veces nos encontramos atascados manteniéndonos en el viento a sólo unos metros del suelo del valle. Ya no estábamos cerca de la carretera en ese punto, pero tras haber caminado tanto a través de los Andes sabíamos que podíamos salir de cualquier lugar.

Finalmente, enganchamos quizás la última ascendencia buena del día y subimos la ladera de un enorme macizo justo en la frontera entre Chile y Argentina. Un grupo de escaladores acampados allá arriba nos observaron pasar volando en el atardecer. ¿Qué habrán pensado de los locos pilotos que iban volando tan alto, tan tarde y, obviamente, cruzando la frontera? Más tarde supe que muchos de los guardias de frontera del lado chileno salieron a mirarnos y sabían de nuestros esfuerzos y nos vitoreaban. Los grandes sueños encienden a todos. Cuando hicimos techo sobre la frontera a más de 4200m sólo había una cosa por hacer: meter un giro ¡y planear hacia Argentina!

En altura las condiciones eran absolutamente maravillosas, pero mientras descendíamos planeando desde +4000m hacia el valle ya en sombras en el lado argentino, yo estaba muy, muy preocupado por los vientos de valle a menor altura. Chris y yo planeamos juntos y nos gritábamos el uno al otro en aquella luz perfecta, luego nos hundimos hacia el valle. El viento de cola era fuerte, unos 33 a 40 km/h, pero aterrizamos perfectamente cerca de la boca del río Horcones, y nos reíamos como idiotas, tras un vuelo perfecto. Habíamos pasado unas dos horas en el aire, volando en las más increíbles condiciones de tarde que pueda recordar. Subir por encima de los valles y de pronto ver las cumbres más altas de los Andes a la altura del hombro fue un momento perfecto. Chris dijo que se sintió “como un pájaro bebé que se acababa de caer del nido”. Estoy totalmente de acuerdo; normalmente me siento fuerte y agudo en el aire, pero cada vuelo en los Andes me hizo sentir pequeño e inexperto. Fue un vuelo corto, quizás unos 30 km, pero volar sobre la misma espalda de los Andes en tales condiciones es un regalo enorme, ¡endulzado aún más cuando sabes lo extremadamente raras que son dichas condiciones!

Intentamos volar al día siguiente cerca de donde habíamos aterrizado, pero nuevamente el viento aullaba. Comencé a sentir que habíamos sido aún más afortunados con nuestro momento.
Esa noche regresamos en coche a Portillo y Chris voló otra vez, pero tuvo que meter las B y realizar maniobras muy agresivas para evitar ser empujado hacia el valle equivocado. De alguna manera dentro de todo conseguimos realizar las mejores tomas aéreas que he visto jamás. Yo ya había decidido que había demasiado viento para volar, pero Chris de alguna forma lo consiguió. Su comentario fue: “Creo que no te hubieras divertido nada. Yo no lo hice”. Él había presionado apenas un poco, pero los Andes presionaron de vuelta con dureza. A la mañana siguiente volé para hacer nuevas filmaciones, a pesar de que se notaba algo ventoso, y yo también tuve un vuelo nada disfrutable y un aterrizaje algo duro. Tras observarme sacar plegadas y ser zarandeado por los aires Chris volvió a empacar y bajó caminando. Cada vez que empujábamos un poquito los límites los Andes nos abofeteaban de vuelta muy duramente. Las condiciones no eran escandalosas, pero todo en los Andes es más grande, más poderoso y simplemente más en una escala más salvaje que cualquier cordillera en la que he volado. Lo que podría parecer suficientemente seguro en las montañas Rocosas o en los Alpes puede ser letal en los Andes. Tras las experiencias, en pro y en contra, que Chris y yo habíamos pasado decidimos retirarnos cuando todavía íbamos ganando. Habíamos experimentado los Andes a pie, en el aire y en último término habíamos realizado el primer cruce de la frontera continental Andina en parapentes.”

Comentarios Finales:

Volé una Gin Gangster con un arnés Sup Air X-Alps. Me llevé una Gangster porque quería un parapente a prueba de bombas y relativamente ligero con buen rendimiento, pero al final llegué a apreciar este parapente por mucho más que eso. Es la primera vela DHV 2 que vuelo en cerca de 3 años que realmente siento que tiene buen rendimiento y fue un placer volarla; sube bien en térmicas, se mantiene inflada y es simplemente un buen parapente. Había usado el arnés Sup Air en los X-Alps y me sentí muy bien con su capacidad para llevar todo el equipo de bivac y además volar bien, es un gran producto que seguiré usando.

Puede que vuelva a los Andes a volar otra vez, pero sería difícil superar las experiencias que tuvimos y tengo esta sensación de que alejarse de la mesa de apuestas cuando aún estábamos ganando por miles de buenos recuerdos puede ser la mejor jugada.


 


Will, Chris y Othar estudian la posible ruta para cruzar los Andes volando


Parte de la preparación de los pilotos fue recorrer la ruta por tierra.


Despegue andino


Will y Chris cruzaron la frontera andina volando "en las más perfectas condiciones de tarde" imaginables.


Volando sobre la laguna del Inca en Portillo (Chile), cerca de la frontera.


"Todo en los Andes es más grande, más poderoso y simplemente más en una escala más salvaje que cualquier cordillera en la que he volado" opina Will.


"Cada vuelo en los Andes me hizo sentir pequeño e inexperto"


"Subir por encima de los valles y de pronto ver las cumbres más altas de los Andes a la altura del hombro fue un momento perfecto"


Othar rodeado de niños curiosos. Detrás: los Andes