Madrid - Segovia - Madrid en paramotor
¡Vuelo inolvidable!

Aparte de la distancia propiamente dicha (fueron unos 133 km ida y vuelta), cualquiera que conozca la zona centro sabe lo que esto significa: cruzar (y dos veces) el Sistema Central español, volando en paramotor. Es lo que hicieron los 3 pilotos de este relato en un increíble vuelo no exento de dificultades y emociones.

Texto y fotos: Agustín Guillén

 

10 de la noche, suena el teléfono, es Jorge con su habitual energía:
- ¡Mañana es el día! la previsión es la ideal. ¡Mañana conseguiremos llegar a Segovia, comer y volvernos por la tarde!
Refunfuño argumentando que ya he quedado para montar en bici, que es muy tarde para cambiar de planes, que la familia... pero sé que nunca me perdonaría no haber participado si lo consiguen. Supongo que mis palabras suenan vacías pues me cuelga justo antes de decir:
- Mañana a las 8 en el Loring!!!

Amanece, viento a cero. 15 litros de gasolina en la chepa, unidos al considerable peso de mi motor Corsair: esto no puede ser sano. Diez pasos y ya estoy en el aire. Espero a que despeguen Jorge y Paco, pero ya voy cogiendo altura para ahorrar combustible. Desde arriba veo los hangares rojo y blanco del aeródromo Loring en San Agustín de Guadalix, que junto con el de Guadalix de la Sierra, son las escuelas de paramotor de la zona centro.

El valle del Guadalix esta bastante bajo y el terreno no para de subir en dirección Oeste. El objetivo es pasar el Sistema Central por su punto más directo a Segovia, pero también el más alto: por el pico Peñalara.
Rápidamente apuntamos en la dirección del Cerro San Pedro, sin parar de coger altura. Lo bordeamos por su parte noreste sintiendo las primeras turbulencias levantadas por el incipiente sol. Desde aquí, rumbo a Miraflores de la Sierra, pasando justo encima del edificio utilizado en las grabaciones de "Gran Hermano" (objetivo de algunos vuelos del año pasado...). Cerca del Puerto de la Morcuera nos separamos un poco: yo paso entre el Puerto de Canencia y el de la Morcuera, quizás para ver desde el aire las pistas rodadas muchas veces con la bici, Jorge y Paco justo por el puerto, casi llevándose en cartel de la cima.

Ahora se nos abre el valle del Lozoya, con Rascafría y el monasterio de El Paular 1000 metros más abajo. Realmente impresionante. Como nos aproximamos al muro principal de la cuerda sigo dándole gas, pero sin achicharrar el trasto gracias a la potencia disponible. Paco, con su motorización mas delicada, y haciendo gala de su estilo, se pega a las laderas de Cabezas de Hierro y sube sin casi darle al mango. A medida que me acerco al Puerto del Reventón, empiezo a ver la provincia de Segovia al otro lado, la visibilidad es estupenda y admiro Castilla desde los 2.400 metros que llevo. Mis amigos cruzan justo por encima del pico Peñalara, a mi izquierda.

Desde la línea divisoria provincial ya se ve La Granja de San Ildefonso y un poco mas allá: Segovia. Sabemos que el viaje matutino ya esta realizado. Cortamos motor y hacemos el borrego, pues no queremos perdernos la experiencia de sobrevolar más cerca los jardines y palacios de La Granja.

Ya cerca de Segovia, jugamos con una bandada de un centenar de buitres y sentimos los primeros meneos del día. Aterrizamos en una gasolinera en las afueras, el encargado se enrolla y nos deja guardar los motores en un cuarto. Tenemos un montón de horas hasta que "baje" el día para intentar volver.
Han sido dos horas justitas para llegar, veremos que tal se nos da la vuelta.

Después de comer, todavía continua la actividad térmica en forma de fuertes rachas a las 17:30. Como no le hemos dejado dormir, Paco se cabrea e insiste que salgamos a volar ya, “-Vamos a poder volver a Madrid sin arrancar el motor”, dice. El despegue está al sotavento de Segovia y nos cuesta un poco. Una vez en el aire y en dirección a la cuerda de la Mujer Muerta se sube por todos los lados, aunque el verdadero cañón lo encontramos en sus laderas perfectamente orientadas al viento de N-O y a la insolación vespertina. Arriba están haciendo ladera un par de veleros, seguramente provenientes del aeródromo de Santo Tomé del Puerto, en Somosierra.

Subo a +5 de forma constante, con el motor al ralentí (después me enteraré que Paco paró su paramotor nada más despegar de Segovia), dejo a los veleros "clavados" y sigo subiendo, ya por encima de la cota 2.200. Impresionante el ruido que hacen los veleros en sus pasadas, ahogando incluso el estruendo de mi motor. Arriba el viento debe rondar los 30 km/h, por lo que me preocupa el sotavento del valle del río Moros.

¿Por qué hemos elegido rutas que cruzan dos cuerdas en ambos sentidos? Decido seguir por la Mujer Muerta, hasta que baje cerca de San Rafael, y cruzar por el punto mas bajo del Sistema Central: el puerto de los Leones o de Guadarrama.

En la vertical del puerto, y con 700 metros de margen, veo una gran columna de humo de un incendio en Villalba. Sube totalmente vertical. -"Perfecto, al otro lado no hay caña", me consuelo. Pero justo cuando me estoy "tirando" al sotavento, veo con horror como el humo se tumba. Estupendo, acabo de presenciar como entra "el Norte" en Madrid, y ¡yo en el aire!.

Pese a la altura, cobro y cobro, sin parar de perder metros aunque no paro de estrujar el acelerador. Cuando me quedan solo unos 300 metros sobre el suelo, ya pasado el pueblo de Guadarrama, cesan los grandes meneos, pero derivo casi sin control, justo en dirección al incendio de Villalba. Aquí estoy justo en la vertical del incendio (y menos mal que el humo sube tumbado, porque si no, palmo).

Varios helicópteros se afanan en acarrear agua desde el pantano de Valmayor y la descargan bajo mis pies. Deben estar pensando qué hace ese imbécil volando en parapente, justo encima del incendio y de los helicópteros...

Decido intentar dirigir mi vuelo, y soltando todo el trapo derivo poco a poco hacia la Sierra de Hoyo, por supuesto sin parar de cobrar. Me estoy comiendo exactamente las turbulencias de La Maliciosa y la Bola de Mundo.

Cerca de Colmenar Viejo, tengo cuidado de rodear el enorme cuartel militar y la base de helicópteros cercana. Poco a poco todo se tranquiliza y el viento se queda a cero, al fin y al cabo son las 8 de la tarde. Disfruto pensando en el planeo de 12 km que me resta hasta el Loring.

¡No puede ser!, el GPS me indica que estoy pinchado. ¡Pero si venia viento en cola hace un rato! El viento ha rolado de NO a NE, supongo que se "cuela" por ambos lados del Sistema Central.

2 km/h, 5 km/h, 4 km/h. Me duelen las piernas de pisar el acelerador, pero mientras hay combustible hay esperanza. Aparece Paco a mi espalda, me alegra verle, aunque tiene los mismos problemas que yo.

El Loring se aproxima, los árboles de la ribera del Guadalix se menean enloquecidos, los ultraligeros permanecen en tierra, no consideran el día "volable", ¡y hacen muy bien! Les voy a enseñar como aterrizan los Harriers: acelerador, orejas, paro el motor ante el previsible revolcón, y me poso con dulzura mientras intento agarrar el parapente que amenaza con arrastrarme. Han sido otras dos horas justitas.

Jorge aparece bastante alto, dice que en altura no había ni viento, ni turbulencias y que ha venido mandando mensajes desde su teléfono móvil. La experiencia es un grado.

"¡Hola, venimos de Segovia!". Los ULM alucinan.
En la ida realizamos unos 56 km, y para la vuelta unos 76 km.

Buen día de vuelo: sol, viento y amigos, y sobre todo muy didáctico.

 

 

Miraflores de la Sierra y el puerto de la Morcuera al frente. En el horizonte se puede adivinar la cuerda principal del Sistema Central.

 

La Granja de San Ildefonso, con sus palacios y jardines.
¡Un pequeño Versalles!

 

¡Segovia, al fin!

 

Desde la altura, el puerto de Los Leones se percibe casi plano. Al fondo el embalse de Lajarosa.

 

El trazo rojo marca el itinerario de ida y el azul, el de regreso

 

Agustín Guillén,
autor y protagonista del relato.

 

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