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Pitidos,
frenazos y volantazos en la parte trasera de un micro taxi mientras
recorría las calles de Rawalpindi con mi amigo Fernandito;
vamos a ver a la gente del Pakistán Association of Free Flight,
me decía, ellos nos van a ayudar a conseguir el nitrometano
y la gasolina de avión. Hace días que lo buscan pero
aquí las cosas funcionan a su propio ritmo y no vale de nada
estresarse. Buscar esas sustancias en un país como Paquistán
y en la situación actual no es empresa fácil, la ciudad
está vigilada por policía, militares y empresas de
seguridad, no obstante, la amabilidad de su gente te hace olvidar
rápidamente esos detalles. Durante 4 días preparamos
la salida al Karakorum y al fin lo teníamos todo, eso sí,
nos tuvimos que contentar con 2 litros de nitrometano al 30% de
pureza y 25 litros de Avgas.
El equipo humano ha estado compuesto por Sebastián
Álvaro, director y productor; Mariano Izquierdo, operador
de cámara; Álvaro Corrochano y Ramón Portilla,
alpinistas; Ramón López, juez y observador FAI; Fernando
de Rodrigo, logística; Thomas de Dorlodot y Ramón
Morillas, pilotos e imágenes aéreas. Desde España,
Juan Morillas y Guillermo de Armas se han ocupado de la meteo y
“adivinaciones”.
Nuestro primer lugar de acción fue el Nanga
Parbat, la montaña desnuda o devoradora
de hombres. Es uno de los ochomiles de Paquistán,
está alejada más de 100 Km. de las zonas de más
concentración de montañas del norte del país
y esto hace que la meteo en sus inmediaciones sea bastante especial.
Empezamos volando en la cara Diamir,
al noroeste de la cumbre, llegamos allí después de
4 días de marcha desde la ciudad de Chilas: sólo subir
a un campamento base, a más de 4.000 metros
de altitud, los equipos de paramotor y todo el
material, es por sí solo un récord.
Llevamos 150 litros de gasolina, aceites, herramientas, piezas de
recambio, comida y un sinfín de necesidades para nuestros
propósitos. La lluvia y la nieve nos acompañaron a
la llegada pero casi desde el primer día pudimos
volar, eso sí, sólo durante las mañanas.
Los primeros vuelos fueron de reconocimiento. Estábamos a
menos de 10 Km. de una de las paredes glaciares de más
desnivel del planeta, en un valle orientado al noroeste
con farallones como paredes que progresivamente suben a la cumbre.
Desde el principio sabía que si el viento meteo no coincidía
con la dirección del valle, tendría que subir primero
por encima de los picos circundantes y luego buscar barloventos
y ondas.

En todos los vuelos que hice, la meteo fue W o SW con diferentes
intensidades pero siempre altas. Volé todos los
días cada vez más alto y con más confianza,
probando con las tallas 26 y 28 del Sigma 7 de Advance,
con combustible de avión (Avgas) y mezclas de nitrometano
en la gasolina normal, con esto conseguía una ligera ayuda
en las revoluciones motor a toda potencia.
Pude comprobar que despegando a partir de las 11 de la mañana
ya se remontaba girando térmica en las paredes orientadas
al sur, después me dirigía, cruzando el valle al sur
hacia el paso Maceno. Para esto necesitaba entre
5.000 y 5.500 metros de altitud, allí tenemos zonas muy bien
soleadas de roca junto a glaciares que desde muy temprano forman
nubes de evolución (es la mejor referencia para ver la intensidad
del viento). En todos los vuelos realicé imágenes
aéreas y algunas fotos. La zona donde nos instalamos es una
explanada junto a la morrena del glaciar llamada el Prado
de las Hadas, la mayor parte del día los vientos
son catabáticos, sólo las horas de más insolación
producen brisas de valle, y muchas tardes nevaba, pues a esa altitud
a poco que condense y enfrié, las nubes se descargan.

El
cuarto día de vuelo en Diamir parecía
que sería el mejor, después los partes apuntaban a
peor, así que decidimos intentarlo. Mezclamos todo el nitrometano
que teníamos en el combustible, montamos los equipos de oxígeno
en el paramotor y pusimos todos los instrumentos de grabación
a funcionar y además, como en cada vuelo, cámara de
fotos y de vídeo y, por supuesto, varias capas de abrigo,
el mono de plumas y los guantes con calentadores de resistencias
Free Style de Nirvana. Al final, cuando te lo pones todo,
aparte de casi ni poder moverte, el peso al despegue es altísimo.
Thomas no podía hacer funcionar su motor y decidió
volar en libre. Yo despegué después de varios cambios
de bujías, a esa altitud nos costaba hacer funcionar los
motores, volaba con la talla 28 y subía más rápido,
sólo esperaba que en altura el viento no fuera demasiado
fuerte. Como dije antes, después de llegar a 5.000 metros
fui a los Macenos, había térmica con viento, estaba
un poco agresivo y tuve que salir varias veces, al final,
después de rodear el paso Maceno conseguí subir más
cómodo por encima de 6.000 metros, empecé
a respirar oxígeno y a disfrutar del paisaje que se abría
debajo de mis pies, poco a poco estaba por encima de las nubes y
con vientos más laminares, la vertiente sur del Nanga, el
Rupal Face estaba repleta de nubes, pero yo estaba por encima de
los cúmulos y alucinando con la perspectiva. Pude
seguir remontando en la dinámica que producía
la cresta más alta de los Macenos, llevaba 2 horas
volando y sobrepasé los 7.000 metros, el frío
en el cuerpo estaba bastante controlado, pero las baterías
de los guantes tocaron a su fin y el aire gélido penetraba
congelándolo todo. Empecé a realizar ejercicios que
desde hace años uso para retardar la congelación y
me dispuse a tomar imágenes de vídeo. Tenía
que tomar la decisión de seguir hacia la vertiente Rupal
o buscar otras zonas ascendentes. Después de comprobar bien
la dirección del viento me quedó claro que si me fugaba
a Rupal, además de no poder regresar, no remontaría
más pues el viento resbalaba y descendía. Decidí
saltar por encima de los Macenos y de las nubes a la pared del Nanga
justo delante de nuestro campamento base. Me acerqué
perdiendo metros a gran velocidad, el viento superaba los
50 Km/h., que a esa altitud no es mucho, una nube se interpuso
en medio de mí y el Nanga y ahí justo, encontré
la esperada ascendencia de onda: estaba en el sotavento
de los Macenos, un poco más alto que ellos y subía
a 1 metro por segundo. Me costó ubicarla y concentrarme,
pues entre nubes con poca visibilidad y montañas de más
de 8.000 metros, lo más importante era la seguridad. Intenté
pegarme a la cima varias veces, pero siempre que llegaba
descendía, luego volvía a la ascendencia de onda,
subía un poco más y lo intentaba de nuevo, remontaba
metro a metro… ya me había olvidado de que manos y
pies estaban como témpanos de hielo, llevaba más
de una hora por encima de 7.000 metros de altitud y empezaba a desesperarme.
Ramón López desde abajo me contactaba y estaba claro
que no podía apurar más, pues las nubes debajo de
mí descargaban nieve y cerraban el valle. Hice la última
pasada, estaba por encima de la comba Bafin, es
el último campamento antes de la cima, pasé
bien pegado al relieve para aprovechar lo que hubiera,
el variómetro marcaba 7.400 metros y el
GPS 200 más. Pasé por debajo de la cumbre, sólo
el macizo rocoso final estaba por encima de mí, pero el
viento no me ayudó: al acercarme parecía
que viniera de la cima y descendente y al separarme
un poco volvía a estar fugado. Paré el motor
y me dispuse a planear por encima de las nubes, el espectáculo
era impresionante, disfruté unos minutos y luego llegaron
los terribles dolores al descongelarse las manos y pies, atravesé
las nubes y todos los instrumentos se cubrieron de nieve, abajo
mis compañeros me esperaban y animaban. Reconozco
que durante el descenso me sentí derrotado y cansado,
una especie de ‘pájara’ se apoderó de
mí, poco a poco me recuperé y me auto-animé
pensando que teníamos un nuevo récord del
mundo y, sobre todo, que había volado en una zona
brutalmente espectacular.

Los partes meteos que nos llegaron para los próximos
días no eran muy buenos y decidimos prepararnos para
bajar volando a Chilas, no sin antes hacer un pequeño
vuelo local con nuestras velas de Red-Bull X-Alps. En 2
horas, Thomas y yo volamos de la vertiente Diamir del Nanga al valle
que forma el río Indo, es uno de los desniveles más
grandes del planeta, sobrevolando pueblos tribales autóctonos.
Ya llevábamos más de 10 días conviviendo con
los habitantes del valle e íbamos conociendo de sus formas
y costumbres. La vista de pájaro te da información
privilegiada de algunos aspectos de las zonas que visitas y también
de las formas de vida; coincidió que el Ramadán
estaba en su apogeo en nuestra estancia y pudimos constatar
que en el valle los habitantes son extremadamente estrictos. Los
porteadores llevaban cargas de 25 kilos, caminaban todo el día
y no comían ni bebían hasta la noche. Al aterrizar
en Chilas tuvimos un episodio de viento muy fuerte y racheado
que nos arrastraba al Indo. Desde luego, lo peor que te puede pasar
allí es aterrizar en el río, la fuerza del agua es
imparable, baja turbia y revuelta con un ímpetu arrasador,
no en vano, lo forman glaciares antiquísimos. Al fin aterrizamos
a unos 200 metros de la ciudad, muy cerca del aeropuerto militar
(por suerte no había nadie). Lo que sí había
eran cientos de personas que en menos de un minuto nos rodearon.
He volado en muchos países pero nunca he visto un alboroto
como el que produjimos en Chilas. Las gentes nos vitoreaban,
se cortó el tráfico y nos llevaron en volandas hasta
el hotel Panorama, eso sí, nos tomaron datos, pasaportes
y demás burocracias, pero con mucha amabilidad.
El pueblo pakistaní en esta zona, aunque comparte la hospitalidad,
simpatía y amabilidad de los valles de Hunza o Hushe, arrastra
una carga de fundamentalismo religioso que lo hace más duro.
En la vertiente Diamir la vida no es fácil,
casi todo el mundo tiene un arma en su casa y no se llevan bien
con los de otros valles, en un día fuimos testigos de varias
peleas entre adultos y ese mismo día, nuestros compañeros,
después de una durísima y agotadora jornada de 20
horas de bajada del campamento base, sufrieron un corte de tráfico
en la Karakorum highway debido a un asalto a mano armada a un autobús
por un grupo de radicales que quemaron el autobús y robaron
a los ocupantes, todo con excusas religiosas.
Queríamos
volar y filmar todas las vertientes del Nanga Parbat, nos
dispusimos a viajar a la Rupal Face (cara sur) haciendo
una parada en la norte, Rakiot. Parte del equipo
volvió a España, los alpinistas expertos, es decir
que ahora no podíamos arriesgarnos a tener una incidencia
en zona de glaciar. De todas formas, comentando con Ramón
Portilla y Sebastián Álvaro, en zonas accesibles,
si teníamos un percance en pocas horas ellos podrían
llegar, lo que estaba claro es que caer a gran altitud sería
un problema muy grave, aparte de si te encontrabas bien o no, llegar
depende de dónde, son días de expedición y
hay muchas zonas en las que no hay vías ni nadie las ha subido
nunca, luego están los peligros de avalanchas, grietas y
demás problemas de alta montaña. En todo momento,
a diferencia de vuelos en zonas de montaña más baja,
volar en un 8.000 requiere mucha atención para evitar el
desastre. En todos los vuelos tanto Thomas como yo llevamos lo que
definimos como kit de supervivencia. Aparte de
la botella de oxígeno, para evitar la hipoxia,
teníamos: comida energética, agua, crampones,
herramientas para desmontar la silla e intentar volar sin motor
(podríamos salir de algún collado), móvil satelital,
Spot (sistema de posicionamiento satelital) y alguna cosa
más. En caso de aterrizar en alguna parte inhóspita,
con el parapente y el paramotor montaríamos un vivaque (como
una tienda de campaña) y si quedaba combustible, podríamos
derretir agua, así podríamos resistir varios días
al frío y al hambre. Por suerte no hemos tenido que probarlo.
Como anécdota, contar que le pedí a nuestro guía
Samandar que me escribiera una carta en Urdu (la
lengua que hablan en esos valles). Si terminaba aterrizando en otro
lugar, la carta me serviría para presentarme y pedir ayuda,
también para presentar en los controles policiales que hay
que pasar en cada pueblo.
De
los vuelos a las otras vertientes de la montaña desnuda,
sobre todo destacar que por fin el motor de Thomas funcionaba
correctamente y volábamos todos los días
juntos. En Rakiot, subimos a Fairy Meadows, el sitio es muy bonito
pero los vientos son fugados, Thomas voló solo, realizando
imágenes y fotos, luego bajó hasta el río Indo
volando, justo mi motor ese día se negó a funcionar
y hubo que volver a bajarlo a cuestas. Tanto el camino a Fairy Meadows
como a Rupal son de tierra, vertiginosos, muy estrechos y colgados
a precipicios sin fondo. Los jeeps locales vuelan entre
curvas, con música India y sin freno de mano. Nosotros
seguimos a lo nuestro, en Rupal despegamos dos días de Chorit
y aterrizamos en Tarashing, recorrimos toda la vertiente desde el
paso a Rakiot noreste, de nuevo al Maceno suroeste, había
tormentas y los dos días tuvimos que bajar a toda prisa de
los glaciares. La zona es grandiosa y el desnivel mayor,
conseguimos muy buenos planos matutinos, pero los cúmulos-nimbo
no nos dejaron explorar al máximo las posibilidades, pienso
que con buena meteo será la mejor zona para intentar remontar
la cima del Nanga Parbat. Aun así, conseguimos llegar
a más de 6.500 los dos días, Thomas rompió
su techo en paramotor volando en térmica y entrando en las
nubes, le estaba pillando el truco al vuelo de alta montaña
en paramotor. Si quieres subir, el motor lo vas a aprovechar
para acceder a zonas y atrapar ascendencias que en libre son imposibles,
luego tienes que poner todos tus cocimientos de vuelo y, si quieres
intentar remontar un 8.000, también toda la carne en el asador.
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Equipamiento
Empleado
Como equipos de vuelo hemos usado, Thomas un parapente Gradient
y yo un Advance, en su caso el modelo Golden
2 y en vuelo libre la Avax XC 2
aligerada para el X-Alps. En mi caso, volé la Sigma
7 en paramotor y el proto que Advance
me entregó para competir en el X-Alps, también
con la silla aligerada.
Los dos paramotores estaban equipados con el R220
Duo de H&E, el de Thomas con chasis de la misma
marca y el mío montado en un 1400 de PAP.
Las dos marcas de paramotor se involucraron en el proyecto
y trabajamos para conseguir llevar un paramotor cerca de los
ocho mil, es muy difícil investigar y resolver los
problemas de la combustión a gran altitud, la aviación
general y militar ya los resolvió hace tiempo, pero
en nuestro deporte todavía faltan muchos apoyos, sobre
todo de ingeniería y motorizaciones, por otro lado
es interesante resaltar que, al fin, después de descartar
la opción de poner oxígeno adicional en la mezcla,
que era a lo que más tiempo nos dedicamos con buenos
resultados, las dudas que surgieron en cuanto a la seguridad
siempre se resolvían en contra. Volamos con paramotores
totalmente de serie, lo único que hicimos
fue quitar el filtro del aire y poner un
sistema para carburar en vuelo y aun así
funcionó a gran altitud, perdiendo potencia pero dando
la ayuda necesaria para buscar las zonas ascendentes. Con
el nitrometano las revoluciones del motor
se mantenían a 7.300 r.p.m. a más de 7.000 metros
de altitud, pero en el valle de Hushe con gasolina de peor
calidad, sin ningún aditivo, rocé los 8.000
metros en las caras oeste y norte del famoso Masherbrum,…,
pero eso es otra historia, la historia de los vuelos con vistas
al Baltoro, al K2, al Broad Peak… vuelos en la zona
con más ocho miles del planeta, en el techo del mundo. |
*Relato de Ramón Morillas. La segunda parte de esta aventura, cuando consigue superar los 7800 metros, estará publicada en Ojovolador.com muy pronto. ¡No te la pierdas!
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