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Test y artículo realizados por © Ojovolador.com 2009. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, salvo expresa autorización de Ojovolador.com

Texto y fotos © Ojovolador.com
El concepto del buggy de cometas de tracción aplicado a los trikes de paramotor lleva ya unos años utilizándose en Estados Unidos, uno de los países donde más crece el número de aficionados al paratrike, pero es bastante nuevo en España. Cuenta Antonio Castro, fabricante del Parabuggy, que buscaba un trike para su escuela que fuera muy sencillo de utilizar a la vez que ofreciera máxima seguridad a los alumnos, pero tras ver la oferta disponible se dio cuenta que lo que buscaba no estaba en el país sino al otro lado del océano (era el ‘Trikebuggy’ de Chad Bastian). La importación resultaba inviable y fue entonces cuando se planteó fabricar él mismo el trike adecuado, con las características ajustadas a sus necesidades. Así vio la luz el primer Parabuggy.


Parabuggy Raptor TT

Cuando estuvimos en la Costa Tropical probando el Parabuggy sólo estaban los prototipos finales del Smart y el Raptor TT, los cuales aún tenían detalles por pulir, como los asientos y cinturones de seguridad, o algunos acabados. Sin embargo, la geometría ya era la definitiva. El Parabuggy va muy pegado al suelo para evitar vuelcos y se le puede acoplar un paramotor cualquiera o pedirlo con éste incorporado en la estructura. Está construido en acero inoxidable (25 y 35mm) con refuerzos especiales para el vuelo motorizado. Las bandas del parapente se fijan a unas bandas de suspensión de cordura que salen de la estructura del trike a la altura de las caderas del piloto y pasan por las barras de protección a la altura de la cabeza, con lo cual el anclaje no es totalmente alto (ni bajo), un término medio. Sobre las barras superiores lleva los tira-bandas, unos cordinos que se enganchan a las A con maillones para que sea el propio trike el que haga el trabajo del inflado.


Presentación del Parabuggy Raptor RR en las Candelas

Convertirse a las ruedas con el Parabuggy

Mi compañero Daniel afirma que existen dos tipos de pilotos de paramotor: los que vuelan en trike y los que volarán… Pertenezco al segundo grupo y, sinceramente, me encanta la libertad y simpleza del vuelo en paramotor a pie, pero de tanto ver lo que pueden hacer los paratrikes la verdad es que ya tenía curiosidad por probarlo. Tras más de un año sin despegar los pies del suelo, la oportunidad de probar un parabuggy no podía ser más oportuna, sobre todo si –como afirmaba Antonio- ni siquiera tendría que hacer el esfuerzo de tirar de las bandas en el despegue.

Cuando llegamos a la playa de Motril, Antonio me explicó cómo manejar el parabuggy en tierra y me sugirió corretear un poco con él para acostumbrarme a la velocidad además de comprobar su estabilidad en los giros. Obediente, apreté el acelerador y salí pitando por el camino. ¡Eeeeh, esto va rápido, y no tiene frenos! Pero ciertamente no daba señales de querer volcar ni siquiera al hacer trompos en el suelo. La versión final del Parabuggy va con frenos de fricción o de disco, que seguramente no están de más para detenerte con comodidad al aterrizar o en caso de emergencia si vas por tierra.


Probando el Parabuggy con una cámara de video instalada frente al piloto (no incluida)

Tras ese pequeño entrenamiento decidimos que haría algunos inflados para familiarizarme con la técnica del despegue. Según Antonio, que es instructor de vuelo hace muchos años, la clave para un buen despegue en trike es colocar bien la vela: “es un 80% de un despegue exitoso” dice. Su truco consiste en colocarla bien perpendicular al viento y doblar el borde de fuga hacia afuera (el intradós tocando el suelo) de manera que al llegar el aire del motor a la vela ésta no se infle desordenadamente. Para mi primer inflado, una vez que la vela estaba preparada, di gas a tope pero cuando la vela llegó arriba y empecé a carretear solté mucho el gas y la vela se cayó hacia atrás. Apagué el motor tal como haría en despegue a pie y la única diferencia es que al tirar la vela de mi dirigí el parabuggy hacia ella rodeándola hasta detenerme. Antonio parecía contento de mi reacción a pesar de haber fallado la carrera así que me dijo que al siguiente, si lo veía todo bien, despegara.

Usamos una vela de iniciación Advance Alpha 4 (inflado a prueba de bombas) un poco grande para mi peso pero que en este caso supondría una ventaja para que todo fuera más suave. Preparamos la vela, me concentré en acelerar sostenidamente sin aflojar y mirar la vela para asegurarme que todo iba bien y en sólo 10 metros ya estaba elevándome del suelo con apenas un toque de frenos. La sensación del despegue es que todo ocurre más rápido que a pie y no sientes la vela para nada, así que hay que mirar y ponerse debajo de ella si es que no sube pareja.

Estar en el aire fue como volver a casa tras un largo viaje, una sensación de alegría pura mientras la playa se alejaba debajo de mí y sobrevolaba el campo de golf mirando hacia la Sierra Nevada. Rápidamente decidí probar lo que mejor sabe hacer un paratrike, es decir, los rasantes. Perdí altura hasta llegar a sólo unos metros de la playa y con el motor fui estabilizando hasta ponerme a medio metro y decidirme a tocar con las ruedas. Esto siempre me ha dado un poco de miedo en paramotor a pie por la posibilidad de tropezarse y caer, una posibilidad que no existe con las ruedas ¡y eso da confianza! Las ruedas tocaron y rodaron un poco por la arena mientras le volvía a dar gas a tope para elevarme. ¡Facilísimo! El Parabuggy tenía empuje de sobra para mí y subía consistentemente sin llegar nunca a apretar el acelerador al máximo, y la sensación detrás de las barras era más como de ir en un ultraligero. La vela, perezosa de tan grande, se sentía dura a los mandos pero obedecía a los giros aunque lentamente. Este Parabuggy me quedaba algo grande así que apenas llegaba a los frenos y me costaba volver a agarrarlos si los soltaba.

Tras unos cuantos ‘touch-and-gos’ y rasantes aterricé y Antonio me dejó el Parabuggy pequeño (Smart) y una vela también más adecuada a mi talla, una Niviuk Koyot. En este trike la sensación era un poco más cómoda al no sobrarme tanto espacio dentro de la “nave”. El despegue nuevamente fue facilísimo (no tener que agarrar las bandas ayuda bastante) y ahora llegaba mejor a los frenos así que podía girar mejor, con la vela más ágil y de respuesta más directa. El resto de la tarde lo pasé subiendo y bajando, disfrutando el paisaje costero bajo un brillante sol otoñal, probando rasantes, toques de rueda, touch-and-gos, despegues y aterrizajes.

Sin duda pasarse al trike requiere una adaptación pero puede ser realmente divertido y fácil, si no vuelcas y no tienes que tirar con tus hombros de las bandas como con este invento. Para alguien que tuvo que dejar de volar una larga temporada por tendinitis en el hombro y que sufre al cargar los +26 kg de paramotor sobre la espalda (¡casi la mitad de mi propio peso!) volar en un paratrike de este tipo se convierte en una muy interesante manera de volar mucho, mucho más. No estás tan conectado con el aire y el paisaje como a pie, pero obviamente tienes otras compensaciones.

Lo que más me gustó: la facilidad del despegue y lo divertido que es jugar cerca del suelo (o sobre él).

Lo que podría mejorar: Cuando lo probé pensé que el asiento debería ofrecer mayor protección (llevaba un arnés de buggy de tracción) y efectivamente la versión final del Parabuggy que vimos en Las Candelas viene con un asiento de fibra que se ve muy bien así que sólo mencionaría que, para mí, el tamaño es lo que podría mejorar: quizás algo más pequeño me haría sentir más cómoda y conectada al trike.

Claudia Riquelme



Nuestros agradecimientos a Antonio Castro por su hospitalidad en Parapente Tropical y por facilitarnos los Parabuggies para ralizar este Test.

+Info: www.parabuggy.es

 

Test realizado conjuntamente por Claudia Riquelme y Daniel Crespo.

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Publicado: 19 de Febrero, 2009

*Test y artículo realizado por Ojovolador.com
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Parabuggy Smart

A prueba de errores
El concepto básico de este paratrike es su bajo centro de gravedad, que le otorga una gran estabilidad en el suelo para despegues fáciles y seguros, además del tirabandas que permite despegar sin necesidad de coger las “A”, para concentrarse sólo en acelerar el motor y tocar los frenos. Las barras de protección forman una especie de habitáculo que protege al piloto en caso de vuelco, convirtiendo al Parabuggy en un trike apto para el aprendizaje e iniciación.

Hay 3 versiones del Parabuggy que tienen ligeras diferencias:
SMART 1 – más pequeño, la posición del piloto es más vertical.
RAPTOR TT--- un poco más grande y más reclinado para el piloto: “el todo terreno para todos los públicos” según el fabricante.
RAPTOR RR ---como el anterior pero con posición “extra reclinada”. Según Parabuggy: “un poco más racing, con puntos de anclaje más bajos y más maniobrabilidad en vuelo”.

Pilotando el Parabuggy

Debo decir que desde que comencé a volar en paramotor en 1995 y en Paratrike en 2005 he sido un ferviente defensor del anclaje bajo.
Algo obsecado en mi idea, en realidad no había tenido muchas ocasiones de probar a fondo la maniobrabilidad de este tipo de geometría, sin embargo, disfruté mucho al probar el Parabuggy y eso me ha llevado a replantearme esta cuestión.
Al margen de las ventajas que comenta mi compañera Claudia: estabilidad en tierra y en vuelo, facilidad de inflado, etc. -características que lo convierten en una excelente opción para los mas novatos- tenía mis dudas en lo concerniente al pilotaje puro y duro así que me puse a ello.
Tras repantingarme en el asiento que, en el caso del parabuggy Raptor, es bastante tumbado y comprobar que efectivamente despega "solo", comencé a realizar giros y rasantes. Suaves al principio y subiendo poco a poco en intensidad, para al final intentar los movimientos típicos de las pruebas de Slalom en competición, es decir giros y cambios de sentido con velocidad cerca del suelo, procurando no elevarme demasiado y "marcando" unos palos imaginarios.
La evidencia me constató que el pilotaje es exclusivamente a los frenos, ya que poco se hace con el cuerpo. No es ni mucho menos limitado, por el contrario, el efecto del par motor queda prácticamente anulado pudiendo efectuar los giros con igual intensidad en ambos sentidos, algo que en los Paratrikes de anclaje bajo (por lo menos en el mío) me obliga a compensar con el peso de mi cuerpo.
Estas pruebas las realicé en una misma tarde con los dos modelos de Parabuggy que tenía Antonio en ese momento, el Smart y el Raptor TT, y con varios modelos de parapentes de diferentes tallas y rangos de peso: Airwave Sport4, Advance Alpha 4 y Niviuk Coyot.
En conclusión, el grado de maniobrabilidad puede llegar a ser bastante extremo y el pilotaje resulta agradable, el Parabuggy no oscila ni pendulea indeseadamente, los puntos de anclaje bastante separados confieren estabilidad de manera que el piloto puede centrarse en donde quiere que vaya la vela sin la necesidad de hacer correcciones para compensar "bamboleos" indeseados.
El Parabuggy me gustó, creo que esta filosofía de paramotor tiene un prometedor futuro y se va a extender entre los nuevos pilotos como una forma sencilla para volar. Que tomen nota las escuelas de paramotor, ya que ésta es sin duda una buena herramienta de enseñanza, pero también los pilotos más veteranos, como yo mismo, encontrarán esta aeronave como un juguetito divertido.

Daniel Crespo

Parabuggy
Ficha Técnica general

  • Chasis: fabricado en acero inox pulido en diámetros 25 y 35mm desdoblado en doble cuna bajo el asiento y laterales del piloto
  • Barras protección bajo asiento
  • barras antivuelco 25mm
  • barra de potencia o anti-torsión del aro paramotor ( opcional )
  • Pipa de dirección en 30mm con rodamientos
  • Horquilla dirección montada sobre cojinetes alta velocidad
  • Freno rueda delantera de fricción (Standard) o de disco (opcional), ideal para las prácticas de iniciación y muy conveniente en los despegues y aterrizajes con viento para no rodar sobre la vela o los suspentes
  • Cinturón seguridad 2 puntos anclaje (opcional XPERT con 4 puntos anclaje).
  • Ruedas: diámetro 40 cm, con dibujo lineal para fácil deslizamiento y poco agarre, montadas sobre cojinetes alta velocidad (alta durabilidad)
  • Tornillería: acero 6 y 8 mm alta tenacidad con cierre rápido
  • Barras laterales que protegen las caderas del piloto.
  • Bandas suspensión: construidas en cordura van conectadas al parapente y ancladas al fuselaje de acero a la altura de las caderas del piloto, con una guía superior a la altura de las barras de protección para estabilidad lateral y de nivel.
  • Asiento-arnés: Dispone de un cinturón de seguridad anclado al chasis principal con cierre automático (sobradamente funcional y seguro, según el fabricante). Pero se puede incorporar un cinturón de 4 puntos XPERT, que además sujeta los hombros para una seguridad extra.

Parabuggy algunos detalles

El Parabuggy desmontable puede incorporar cualquier paramotor del mercado con sólo quitar la silla. El sistema es simple e ingenioso, y permitea desmontar y montar el Paratrike rápidamente.


La solución empleada para el reglaje de las bandas viene con un "preset" de fábrica que posteriormente podremos ajustar con precisión a nuestras necesidades.


La horquilla de dirección cuenta con un freno mecánico, simple pero efectivo. El freno de disco está disponible de forma opcional.

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