El
22 de febrero de 2005 aterrizamos en Santiago de Chile para pasar el
final del verano chileno volando en diversos sitios y cumplir con ciertos
compromisos familiares. Nuestro viaje de casi 4 semanas se convirtió
en un verdadero Tour siguiendo la carretera Panamericana que
une los puntos más australes de este largo país con las
ciudades más alejadas hacia el norte, como una columna vertebral
por la cual transitamos unos 7 mil kilómetros en coche, descubriendo
y re-descubriendo algunas verdaderas joyas para el vuelo libre.
Estamos trabajando en un completo reportaje sobre Chile y los sitios
que visitamos; mientras tanto aquí te adelantamos algunas de
las mejores imágenes de nuestro viaje, que podrás guardar
como fondo de escritorio para la pantalla de tu PC.
En Santiago (centro del país) volamos en Las
Vizcachas, un sitio ubicado en la pre-Cordillera de Los Andes
desde donde es posible alcanzar techos de 2500m y más, para avanzar
siguiendo la cuerda montañosa hacia Santiago, con una increíble
vista del macizo andino hacia atrás. Las posibilidades son buenas,
aunque las térmicas son estrechas y algo turbulentas, cosa que
obliga a una pequeña adaptación si vienes de Europa.
En el sur de Chile y a pocos km de la ciudad de Valdivia,
una de las más bonitas de Chile, volamos en la playa de San Ignacio,
en Los Molinos, un vuelito de ladera junto al mar que
vale la pena sobretodo por la belleza del paisaje. Luego, unos 450 km
hacia el norte de Santiago, participamos en el 1º Encuentro
de Vuelo Libre de La Serena, al que acudieron
unos 70 pilotos de todo el país, destacando una alta participación
femenina. Allí conocimos 3 interesantes vuelos: una pequeña
ladera de playa donde nos hartamos de jugar y flotar (Caleta
Hornos), un sitio más al interior llamado Brillador
donde el viento casi nos deja sin volar (y a varios, aterrizados entre
los cactus) y el vuelo de Las Antenas, con una espectacular
vista de la ciudad de La Serena. Más al norte, en Antofagasta,
el vuelo de La Portada nos regaló una emocionante
tarde sobre un acantilado que tiene mucho peligro si no vas atento al
viento y a tu altura (no apto para pilotos con poca experiencia). Y
para cerrar, no podía faltar Iquique, un lugar
al que le tenemos un especial cariño y donde hemos vivido muchos
vuelos y momentos increíbles, y a donde siempre tenemos ganas
de regresar. La puesta de sol en el Océano Pacífico vista
desde el aire sobre la duna de Palobuque, sin duda
es una de las más hermosas del mundo...
*Pincha
sobre las fotos para verlas a más resolución y guardarlas
como fondo de escritorio. ¡Y qué las disfrutes!